El pulpo Por Edwin E. Jiménez Carrasquillo

      “El pulpo que no murió”, ¡qué mucho me ha dado para reflexionar este cuento! A cada oración se le puede atribuir un significado, quizás hasta dos, lo cual me deja reinventando y a la vez moldeando mi opinión sobre este. Al principio sentí represión. Luego, una neblina de sueños rotos. Por último, me encontré frente a una página en blanco, porque puse a un lado todo en busca de un significado más allá de las palabras. Poniendo en frente lo obvio, es digno de un análisis profundo.

      Ahora, según lo leído, ¿cuál es mi “pulpo”? Para ser honesto, creo que mi pulpo lleva maquillaje napolitano y medias arcoiris, porque no lo puedo pintar de un solo color. Lo veo como sentimientos y sueños reprimidos que alguna vez tuve y quizás aún tengo en lo profundo de mi ser. Como el pozo de dudas, preguntas y curiosidades dentro de mí, que todo el mundo rocía con agua, día tras día, dejándome a la merced de mi imaginación. También lo veo como mi lista de temores.

El pulpo

      Son muchos, bastantes los significados que le podemos dar, mientras más buscamos, más aparecen, tanto como los tentáculos y chupones que tiene el pulpo. Todos tenemos uno, ahí adentro, viscoso, resbaladizo, comiéndose a sí mismo en su refugio no oficial, quizás nadie lo invitó, pero la puerta no llevaba cerradura, así que él entró. Más allá de todo, ¿podría ser un instinto? ¿Un estómago con apetito mundano o en contraste mundial? Pueden ser, al igual que no, quizás hasta me fui.

*Inspirado en el cuento “El pulpo que no murió”, de Sakutaro Hagiwara.


Edwin JiménezSobre el autor

Edwin E. Jiménez Carrasquillo nació el 24 de septiembre de 1996, en Caguas, Puerto Rico. Ha vivido toda su vida en el pueblo de Gurabo. Sus intereses varían, desde varios géneros de literatura hasta conocer y aprender sobre diferentes culturas.  Actualmente es estudiante de la Escuela de Ciencias de la Salud en la Universidad Metropolitana en Bayamón.

Anuncios