La isla desconocida Por Gustavo Andrés Leyton Herrera

Piloteé mi avión Cessna al norte del archipiélago Juan Fernández y descubrí una isla que no figuraba en ningún mapa. En aquella tarde gélida, rodeé la porción de tierra y descendí en un trecho llano del borde costero. Cuando bajé de la cabina, el frío me obligó a subir el cierre de mi chaqueta acolchada. Minutos después, noté el volcán emplazado sobre un bosque de canelos.

Me acerqué al bosque y hallé un sendero estrecho que se extendía hasta las faldas del volcán. En el camino, vi huellas de zapatos, colillas de cigarros, troncos cortados y fogatas extintas. A dos kilómetros del volcán localicé una cabaña sin cercas, erigida sobre pilotes y camuflada por unos matorrales.

La cabaña poseía fachada azul, techo de zinc, ventanales empañados, un jardín con flores marchitas y una terraza enmohecida con vista al mar. Subí por unas escaleras exteriores y me percaté que la puerta principal estaba abierta.

Dentro de la cabaña había un comedor de paredes blancas, sin mobiliario. Delante de mí, topé con una habitación sin puerta y avancé hasta allí. En el cuarto, reconocí un catre plegable y una estantería con obras de Gonzalo Rojas. Cuando decidí sacar el poemario Contra la muerte –introduciéndolo en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta– escuché ruidos en la terraza.

En la terraza, encontré a una mujer apoyada en la barandilla que lucía parka azul y pantalón de mezclilla. En su hombro diestro, llevaba un bolso marrón. La mujer me echó un vistazo y preguntó mi nombre, sin sorprenderse por mi presencia. Con torpeza, le dije que me llamaba Juan Sarmiento, disculpándome por entrar sin permiso a la casa.

—Supongo que puedo confiar en usted. Puede quedarse, si quiere —señaló la mujer.

La miré sorprendido, pero decidí aproximarme a la barandilla y me ubiqué a su derecha. La mujer distinguió el poemario de Gonzalo Rojas en el bolsillo de mi chaqueta y señaló que podía quedarme con el libro. Me sonrojé y le agradecí el gesto, expresándole que era fanático de los versos del poeta lebulense.

Ella asintió, informándome que sus padres eran fanáticos del trabajo literario de Rojas. Luego, sacó de su bolso una fotografía color sepia y me la pasó. En la imagen –tomada en la ribera de la isla– distinguí a una niña de perfil, vestida con un mandil floreado.

—Esa soy yo. En esos años vivía con mis papás en esta casa. Queríamos tranquilidad. Ahora ellos no están —dijo, con tono sombrío.

No supe qué responder y le devolví la fotografía. Noté que comenzaba a oscurecer y de repente, divisé una lancha atracada a un muelle con amarres y un escalón.

La mujer apuntó con el mentón a la lancha, señalándome que llevaba dos días en la isla y que venía de muy lejos. En seguida, nos quedamos callados, contemplamos las primeras estrellas y escuchamos el rumor del oleaje.

Después, entramos al interior de la casa y seguí a la mujer hasta el cuarto sin puerta. Ella sacó los libros que quedaban en la estantería y los metió en su bolso. Al cabo de unos segundos, decidí sentarme en el catre plegable.

En la penumbra de la habitación, la mujer susurró algo que no comprendí y luego, se acercó a mí con lentitud.

En la mañana siguiente, desperté al percibir un sismo que aumentaba en intensidad. Desnudo, salté del catre plegable, me puse la ropa y busqué a la mujer, sin éxito. En seguida, salí a la terraza y, cuando me percaté de que la lancha había desaparecido, escuché un estruendo que provenía del volcán.

Casi al instante, la tierra se remeció con tal violencia que casi no pude mantenerme en pie. Escapé de la cabaña y me precipité por el sendero, mientras los canelos se agitaban y miles de piedrecillas ardientes caían del cielo. Con tropiezos, llegué al borde costero y subí al avión Cessna.

Cuando logré despegar, el volcán entró en erupción. A cientos de metros, resoplé aliviado, toqué el bolsillo izquierdo de mi chaqueta y palpé el libro de Gonzalo Rojas. De pronto, me giré y observé que la isla desaparecía bajo una nube kilométrica de ceniza.

La isla desconocida


Gustavo LeytonSobre el autor

Gustavo Andrés Leyton Herrera (Chillán, Chile. 3 de mayo de 1986) Posee estudios de Licenciatura en Historia y Periodismo en la Universidad de Concepción. Algunos de sus reconocimientos son: Primer lugar, Concurso “Andalucía en el siglo XXII” del Centro Cultural Andaluz (Viña del Mar, Chile, abril de 2015); Tercer lugar, Región de O’Higgins, Concurso “Historias de Nuestra Tierra”, Ministerio de Agricultura (Santiago, diciembre de 2016).

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