EL HOMBRE AL PIE DE LA VENTANA Y NÁUFRAGO PARAÍSO Por Mayra R. Encarnación

El hombre al pie de la ventana

“Eres muy joven para entender que no existe la relación lineal, permanente y perfecta entre un hombre y una mujer”. La Novena, Marcela Serrano

       Entonces, decidió abrir la ventana. Esa que estuvo clausurada por años. Esa que evocaba la oscuridad en los tiempos de la primavera. Se levantó de la butaca reclinable; caminó con el paso de sus circunstancias y movió el operador de la ventana abrigado con el polvo del olvido.

       Sintió una ventisca fresca. Su rostro respiró y se escucharon carcajadas por toda la habitación. El día se convirtió en oscuridad, la noche se transfiguró en la madrugada: Salvador vivía atado a la ventana. Nada subsanaba su penuria: la ventana-su ventana- le suministraba un hálito de vida.

       Una mañana, las ráfagas del viento cambiaron su dirección. Divisó la silueta de una mujer caminando frente a su ventana. (Pensó que el tiempo transcurrido con la ventana cerrada, lo mantuvo enajenado de su vecindario). Ella le robó su respiración. Él admiraba sus piernas largas, las rodillas redondas y se instalaba en la dimensión de sus tobillos. Suspiraba lentamente y subía su mirada a la cintura. (Siempre sujeta, como si comprimiera el edificio de su cuerpo). De tal manera que resurgía un pecho desbordante y capaz de mover todas las pasiones terrenales.

       Este primer avistamiento, despertó todas las zonas dormidas. Salvador corrió hasta el baño; limpió su cuerpo y se perfumó con sus colonias añejadas por el tiempo. Vistió con sus mejores galas y esperó frente a su escaparate. La silueta no apareció.

El hombre al pie de la ventana

       Salvador tomó la decisión de mover su cama frente a la ventana. De esta manera, podría estar atento a cualquier atisbo de movimiento. Pasaron dos días y no hubo rastro de la vecina. De repente, se le ocurre bautizarla con el nombre de Medusa. (Arguye el hombre que, si la nombra, le otorgará identidad propia).

       Postrado frente a la ventana, distingue la sombra de la mujer. Medusa se desviste lentamente. El despliegue de su traje por el torso tiene un ritmo acompasado hasta finalmente rozar con sus pantorrillas y tocar el suelo. Es la primera vez que puede disfrutar del espectáculo del cuerpo desnudo. Salvador toma aire con mucha profundidad, se le dificulta la respiración. La boca está seca, las glándulas salivares dejaron de funcionar y las papilas gustativas empiezan a enviar mensajes a su sistema nervioso…Respira.

El hombre al pie 2

       El hombre al pie de la ventana, pincela en su memoria la piel tersa, las manos robustas y ligeras, la espalda lozana y la cintura liberada. Imagina el olor de su piel, aspira a recorrer sus áreas frondosas y escucha su voz como cántico glorioso en sus oídos. Su imaginación despierta el amanecer.

       Medusa se siente admirada. Frente a la ventana de Salvador, baila, ríe copiosamente y, en ocasiones, su mirada busca comunicación. Él le habla y planta su mano derecha en el cristal. Comienza a recorrer sus pantorrillas, asciende por la dimensión de sus piernas hasta tocar con su dedo índice la cintura. Mira con detenimiento su ombligo y acerca su nariz al vidrio para capturar su esencia…

       Medusa apaga la luz y se retira. Salvador coloca el bastón cerca de la cama, su lazarillo desde la pubertad, debido a su ceguera de nacimiento.

Náufrago paraíso

I.

Tierra infértil
cabizbajo sueño de los calendarios
perece la angustia de tu pálpito
en la bocanada consumes olvido
de tanto oírte se acabaron las palabras
emigras de tu carne
espantas a la semilla en flor
cavas la fosa en la llamarada del silencio
preguntas por ti
dejaste de poseerte
(entregaste las redes al náufrago paraíso)

Náufrago

II.

 

Levanté vuelo en dirección contraria.
Alas resquebrajadas desde la isla sin suelo.
Tierra fértil desde la infertilidad de conciencias
Brújula del tiempo…
El viento socavó el ritmo de los caminos…
(Pecado original sin Eva ni manzana)
Romance insoslayable de un suelo sin orillas.
Náufragos de nuestra propia existencia

El viento socavó el ritmo de los caminos.

Náufrago2


Mayra Rebecca EncarnaciónSobre la autora

Mayra Rebecca Encarnación es natural de Carolina. Trabaja en el Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico en Carolina. En el 2003, junto a otras autoras, participó en el poemario Deshilo del Costado y, en el mismo año, presenta su primer poemario titulado El otro en mí. Posteriormente, en el 2009, publica Tránsfuga.

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