La gramática espiritual de Eunice Odio y el Costa Rica de la época actual Por el Dr. Iván Segarra-Báez

La gramática espiritual de Eunice Odio:

Eunice Odio es una de las escritoras costarricenses de mayor divulgación continental en nuestros días gracias a los trabajos de la costarricenses Rima de Vallbona: La obra en prosa de Eunice Odio 1980, “Odio, Eunice (Costa Rica-México,1922-1974)” en Women Writers of Spanish America An Annotated Bio Bibliographical Guide 1987: 281-83; Eunice Odio (1919-1974) – Costa Rica/ Guatemala/ México”, en Escritoras de Hispanoamericanas: una guía bio-bibliográfica copilada por Diana E. Martin: 1990: 406-17. El chileno Alberto Baeza Flores es el primer gran prologuista de Eunice Odio, ya que en 1953 realiza el prólogo “Eunice Odio: Sueño y raíz, misterio y poesía” para el poemario Zona en territorio del alba, luego publicará en La Nación dos artículos titulados respectivamente: “Un retrato de Eunice Odio con sus caídas y grandezas”- (3 de junio de 1974)  y “ A diez años de ausencia: Carta sin sobre a Eunice Odio”- (11 de noviembre de 1984:1-3) y, no de menos importancia es, el trabajo del venezolano, Juan Liscano: Eunice Odio. Antología: Rescate de una gran poeta de 1975.  Estos trabajos de investigación literaria sobre la vida y la obra de Eunice Odio conjuntamente con otros trabajos de diversas entidades y colegas intelectuales han contribuido significativamente a la exposición, reconocimiento y realce de la obra odiana.

Costa Rica

Nuestro estudio tratará de analizar desde el aspecto gramático-espiritual la proyección de Eunice Odio dentro de su lenguaje literario, puesto que la escritora (des)codifica su propio lenguaje para hacerlo universal. Dentro de este proceso logra su camino espiritual y su (meta) lenguaje lírico y humano, apartándose de su generación de escritores para proseguir a la nuestra con toda su verdad y toda su proclama de espiritualidad laica y humana.

Dentro de esta fabulación del ser dentro del ser, Eunice Odio se dice al inicio de su poema de Territorio del alba, 1946:

Si pudiera abrir mi gruesa flor
para ver su geografía íntima,
su dulce orografía de gruesa flor:
si pudiera saltar desde los ojos
para verme, abierta al sol,
si no me golpeara de pronto, en la mejilla,
esta reunida sombra,
esta orilla de silencio
que es lo que ciertos pañuelos a la lágrima,
un aposento blanco, descubierto.
Si pudiera quedarme abierta al sol
como el sencillo mar
y alta, recién nacida hija del agua,
creciera mi color al pie del agua.

 

Desde su primer poemario Los elementos terrestres de 1948, Eunice Odio viene construyendo su inventario lírico sumamente sofisticado y lúdico.  Desde el inicio se ve como “flor”, con “una geografía íntima”, tal vez, esas geografías íntimas sean las dolorosas llagas del corazón por donde su vida cabalgó desenfrenada. Mujer y poema durmiendo un arduo sueño con la existencia a cuestas. “Si pudiera saltar desde los ojos…”, ¿Saltar, para qué? A otro abismo, a su abismo íntimo, al abismo de todos los hombres que desconocen el conocimiento de su flor-cuerpo y alma-espíritu. Para “verme abierta al sol”, entonces, el “Sol” está en representación del camino espiritual, de ese [Ser Supremo] que la crea y la “golpea de pronto, en la mejilla”. Su poesía se levanta con fuerza sobre los muros sordos de los enigmas y su búsqueda de lo espiritual se asemeja a San Juan de la Cruz y a Sor Juana, va penetrando el aposento de su redención en el cuerpo, en el cuerpo espiritual del cosmos donde todos los elementos terrestres tienen vida, obra y omisión.  Ya don Baeza Flores había apuntado en Zona en territorio del alba de 1953   que la poesía de Eunice Odio se correspondía con la de Meira Delmar (Colombia), Jean Aristiguera (Venezuela), Aída Cartagena Portalatín (República Dominicana) y Rafael Alberti (España). También señala, el crítico que, los versos de Eunice Odio se dan a conocer en el mundo hispánico al lado de los de César Vallejo y Pedro Salinas.

Por mi parte, añadiría, que la poesía de Eunice Odio está entre el camino de las lamentaciones de San Juan de la Cruz y el secreto de las moradas de Santa Teresa de Ávila. Eunice Odio, se hace ella misma, en una constituyente de su propio lenguaje o (meta) espíritu, una brazada de agua en el ancho mar de su cuerpo, donde el agua y la lágrima son constituyentes de un mismo río, mar u océano. Donde la luz solar evapora las tranquilas aguas en el proceso del ciclo del agua y la poeta pasa de un plano terrenal a uno de condensación del agua para hacerse vapor de agua, y luego, regresar a la tierra como lluvia y si el mismo “Sol” que la creó la ayuda podría hasta hacerse arco iris para dejar salir su color en todo su esplendor, por eso dice la poeta: Como el sencillo mar / y alta, recién nacida hija del agua, / creciera mi color al pie del agua.  No es fácil esta transformación, la metáfora está erguida en su propio ser y será para siempre. De mujer se transforma en prisma, por el cual, la mujer de su espíritu pretende salvarse en torbellinos y en infinidades de otras luminarias cósmicas. Entonces, la defensa del idioma se convierte en su (meta)lenguaje y, trata de obtener del mismo, -otros sonidos y otros significantes- como el pétalo de una flor que nunca duerme, y mientras dura;  va lejos o lo que es lo mismo, se proyecta lejos como el polen que al ser golpeado por el viento esparce sus semillas a varias millas de distancia cuando la flor se abre al mundo para darle todo en  un acto de entrega perfecto. Los campos semánticos y sus circuitos gráficos, simbólicos o estructurales se representan en los siguientes términos:

[flor / geografía íntima / ojos / mejilla / pañuelo / lágrima / hija / piel]

versus

[saltar / abierta / golpea / sol / sombra / silencio / agua / mar / aposento/ color]

Entonces la paradoja de la mujer poema o del poema dentro de la mujer se hacen elementos universales de la luz cósmica que rayan en la superficie de una naturaleza muerta porque dentro de sus circunstancias la literatura dominante es la falológica o paternalista del hombre de su tiempo y su voz creadora queda como una voz hermosa de mujer bonita, y no, como una creadora de grandes proyecciones universales y espirituales.

Ya en la parte final del poema Eunice Odio expresa lo siguiente:

Por qué no he de poder desnudarme los pies
en una casa en que los alfabetos ascienden
por el labio a la palabra, y en que duendes de menta,
sirven té verde y florecida sombra.
Por qué no he de poder
desnudarme los pies en una casa
en que todos los días
un año desviste su estatura melancólica,
y en que la costa azul de un relicario
guarda el retrato de un vecino de mayo que se ha ido.
Sin embargo
no puedo desnudarme los pies en esta casa
ni poner sobre la mesa el corazón.
Pero puedo abrirme como una flor
y saltar desde los ojos para verme,
abierta al sol.

 

El poema es el sistema de escape de la poeta, la cual, ha perdido en lo más profundo de su existencia, el ser de su propio ser en el tiempo. Tiene que rescatar al desnudarse como una flor y velar por el relicario de su vecino, el cual, como el proceso de la muerte, que nos llegará a todos, nos transformaremos en estatuas melancólicas, las cuales, pierden el don de la palabra, del habla, del alfabeto, y por consiguiente, el don del lenguaje, el cual, está en los labios y con el que la poeta logra desnudarse. Tampoco ella pudo poner su corazón sobre la mesa; solo pudo saltar desde sus adentros para abrirse al sol, como todos los que moriremos, tendremos que abrirnos al Sol, el cual, representa ese camino hacia la gracia o la dogma religiosa, ya sea, real o imaginada por el hombre, el cual, es un hombre de poca fe en estos tiempos de modernidad y de avance tecnológico.

La poeta lucha en la escapada de la flor que se hace agua, luz, mar, vapor, por donde asciende y desciende su meta-lenguaje lírico y humano. Es una entrega cíclica en que la poeta sube y baja la escalera de la gracia espiritual con una Noche oscura de San Juan de la Cruz entre sus manos, si acaso logrará recoger el don del verso entre su memoria herida por el hombre de su tiempo, el cual, no la entiende aunque ella se da, se da mil veces y vuelve a darse una vez más, es como un torbellino de rosas olorosas que llega a la sinrazón de la locura plenamente devorada por el eco del Sol que la calza y la detiene.

terrestre

Los elementos terrestres (1948)

 Gana en 1947 el Premio Centroamericano de Poesía “15 de septiembre”, con sede en Guatemala. LOS ELEMENTOS TERRESTRES es la obra que presenta y que la hace acreedora del primer lugar. En su primer libro, realiza una incursión por un universo idóneo y mítico a la vez, plagado de sensualidad y principios – o motivaciones- esenciales entre el Amado y la Amada, dos seres arrancados de nuestra mitología cotidiana y dibujados, sublimados por la autora y su verbo en el plano de la creación poética, sumida en una naturaleza primigenia.

 Zona en territorio del alba (1953)

Segundo poemario de Eunice Odio con un extenso y visionario prólogo de Alberto Baeza Flores titulado “Eunice Odio: Sueño y raíz, misterio y poesía”. Es uno de los críticos pioneros en  iniciar la crítica seria y espiritual sobre la obra poética de Eunice Odio.

Defensa del castellano (1972)

También incursiona en la prosa y lo hace exitosamente escribiendo en Defensa del castellano, una lección sobre el valor de nuestra lengua y sus múltiples riquezas expresivas, que germinará en la mano de quien bien lo conozca y sepa utilizarlo eficazmente. Eunice Odio demuestra las magnitudes del lenguaje y las riquezas de sus características principales en el empleo y dominio del vernáculo.

Los cuentos de Eunice Odio

Eunice Odio solo escribió dos cuentos: ″Había una vez un hombre″ y ″El rastro de la mariposa″. Estos dos cuentos son coherentes con su producción poética, ya que, tanto en la poesía mística como lo que plantean los cuentos podemos ver que la obra y la artista son complementarias e indivisibles. La poesía de Odio busca desesperadamente llegar a la luz, y en los cuentos, plantea la posibilidad de la transformación y metamorfosis del hombre en mariposa. En el primer cuento, el hombre mediante el sueño se transforma en mariposa; y en el segundo, el hombre mediante el proceso científico de la metamorfosis se convierte en mariposa, o sea, que Eunice Odio presenta dos planos diferentes para llegar a la gracia espiritual, uno (in)real: el sueño, que traducido al lenguaje de los hombres sería el concepto de la fe. Por eso Jesús dijo: “Fe sin obra es una fe muerta…”, porque para que la fe exista en el hombre, este debe obrar en beneficencia de los demás, estar al servicio de los otros. El segundo plano de Odio es, el plano real: la metamorfosis, cuando el hombre pasa de una postura a otra, o sea, cuando el hombre por libre albedrío acepta y establece en su vida la idea de un Cristo o Dios salvador.

Había una vez un hombre (1965):

El primero, cuento, de corte kafkiano, presenta la transmutación, simbólica y real, de un recolector de basura en mariposa azul. Su protagonista surge de la observación de la autora de un hombre que lleva a cabo esa ardua tarea frente al edificio de su apartamento. El relato comienza con el enunciado: “Había una vez un hombre que será…” Esta aparente contradicción en la misma frase, lleva de bruces a un lector extrañado, que se cuestiona tal construcción gramatical, a sumergirse en la trama, que será descifrada en su desarrollo. Al concluir la idea inicial se une a las dos últimas palabras: “Mariposa dormida”. Principio y fin de la narración se unen en una sola frase con sentido ideológico coherente: “Había una vez un hombre que será… Mariposa dormida”. Este cuento de Eunice Odio demuestra la gran capacidad y poder de síntesis que posee la poeta ante la hoja de papel y su escrito. Su lectura arroja de manifiesto cómo el hombre (un basurero) puede transformarse en una cosa bella, o sea, el relato se opone, se contrapone y se transforma: (basura-hoja de papel versus mariposa-vuelo poético/ fealdad vs. hermosura/ jornada de trabajo versus estado de gracia contemplativo/ hombre versus espíritu).

 El rastro de la mariposa (1966):

Expone la metamorfosis del Dr. Hans Arnim, quien es un científico, el cual se convierte en una mariposa. De acuerdo con la Dra. Rima de Vallbona, exhaustiva estudiosa de la obra odiana, “… bien puede clasificarse (…) como ciencia-ficción; es un opúsculo fantástico constituido por una serie de hipótesis y hechos científicos entreverados con aventuras que ocurren en otra realidad y dimensiones temporales”.

Territorio del alba y otros poemas (1974)

Último poemario de Eunice Odio, en el cual, continúa planteando su discurso lírico y metafísico. Según lo denominó, Jesús G. Maestro como la semantización de la enunciación lírica, en la que el dialogismo o expresión dialógica se dirigen hacia:

“[…] la valoración semántica y referencial de realidades objetuales –externas al sujeto, y sobre las que éste proyecta sus competencias y voliciones-, con las que no es posible, al menos desde un punto de vista funcional, una relación dialógica articulada formalmente en un sistema de interacción y deixis”. (Maestro, 1998:278)

El tránsito del fuego

Libro considerado por la crítica como su obra maestra y donde se presentan el camino espiritual y místico-pagano de Eunice Odio. Esta obra merece mejores criterios de estudios, los cuales, no podemos ahondar en este embozo sobre la vida y la obra de Eunice Odio.

Entre la crítica literaria y la poética fuertemente pagana y cósmica de Eunice Odio:

La obra poética de Eunice Odio puede ser analizada desde el aspecto de la crítica, ya que múltiples autores han tratado y discutido su obra. Por ejemplo, el destacado crítico Mario A. Esquivel sostiene que “su poesía es poesía pura” (Esquivel, 1983: 166-7). Luego comenta que en Costa Rica se le aprecia “como excelente poetisa, pero lo es aún más por sus ideas de avanzadas, de izquierda” (Esquivel, 1983: 165). Norma Pérez Martín analizó cómo Eunice Odio exhorta a los poetas mexicanos a luchar contra “el fanático nacionalismo regionalista en el arte” e indica la visión de Eunice Odio en torno al arte: Eunice… “rechaza el análisis crítico racional de ´laboratorio´, pues  ´el poema´, por serlo, es superior a su análisis y nada, nadie, sino él mismo puede explicarse y transmitirse” (Pérez Martín, 1998: 63). Finalmente, Pérez concluye, que las cartas de Eunice Odio están impregnadas de “ternura, reflexión, humor, ansiedad, sobre todo, conmueven sus pensamientos filosóficos, su visión del mundo y su capacidad afectiva entregada sin límites”. Peggy Von Mayler cuando estudia el libro de El tránsito de fuego, de Odio, señala lo siguiente en torno a los símbolos del texto poético: “Son el instrumento idóneo para expresar lo infinito con lo finito, lo inmaterial con lo material, lo divino con lo humano, que únicamente se descubre al lector sensitivo que ha sabido penetrar en el secreto de lo sagrado” (Von Mayler, 1989: 3C). Luego Von Mayler escribirá su tesis doctoral titulada El tránsito de fuego: hacia una descodificación biso tópica. En el libro La palabra innumerable: Eunice Odio ante la crítica, dice Von Mayler:

“[…] esta es la Eunice que permanecerá por siempre, la Eunice cósmica, la que sigue infundiendo su sed de infinito, su verbo inconfundible; la que juega con la alquimia de la palabra, con la polisemia y la plurivalencia de las imágenes, con la expresión envolvente y las metáforas insólitas. La que se revela en lo profundo de las instituciones primordiales, la que rompe los moldes tradicionales del pensamiento y se define incólume en su dimensión poética.”

Por otro lado, Rima de Vallbona dijo al analizar el libro Los elementos terrestres, de Odio:

Para Eunice un poema no consiste en el hallazgo y expresión de una imagen osada, o de un adjetivo deslumbrante, inusitado; es más bien un acto mágico-espiritual. Su cósmica visión poético-metafísica, saturada de profunda sabiduría ancestral, la de los antiguos vates, le hace ver en “la palabra el signo, el dicho”, la base de todas las magias: “Escribir un nombre, equivale a convocar”, declara Eunice. (Vallbona, 1980:14).

Mientras que Harold Bloom establece su teoría de “poema fuerte” al leer a Odio y dice, los poemas fuertes:

Son procesos defensivos en transformación continua, lo cual quiere decir que los poemas mismos son actos de lectura. Un poema es, como dice, Thomas Frosh, un feroz debate políptico consigo mismo, tanto como los precursores. O es una danza de sustituciones, un romperse-de-vasijas, mientras una limitación deshace una representación, solamente para ser restituida, a su vez, por medio de una nueva representación. Cada poema fuerte, al menos desde Petrarca, ha sabido implícitamente lo que Nietzsche nos ha enseñado a saber explícitamente: que solo existe la interpretación, y que cada interpretación responde a otra interpretación anterior, para rendirse luego a otra que viene más tarde. (Bloom, 1976: 26)

Finalmente, la Dra. Lorena Santos Silva señala al analizar Los elementos terrestres lo siguiente:

Eunice se desvía hacia la tradición de los dioses paganos, precursores de la luz y el conocimiento: [Apolo-Ion-Musas] poeta o ese ser especial seleccionado para el “destino implacable” de la creación poética. El símbolo clave en la obra es la “luz” y como  todo símbolo se convierte en un estímulo capaz de trasladar a quien lo recibe del plano de lo fenomenológico y existencial al de lo absoluto e inamovible (Biolcati, 1992: 7).

Santos Silva concluye su ensayo con las siguientes palabras, con las cuales, estamos completamente de acuerdo:

Hemos establecido que Eunice, como los poetas surrealistas, insiste en la poesía como “búsqueda”, por lo tanto, la posesión de la “luz” es un nuevo aporte a las “conjeturas”. Es cierto que para ella la poesía es un “ritual mágico” que convoca la palabra más allá de lo empírico hasta el final del mundo. Pero el misterio se centra en sí mismo, nadie puede penetrarlo. Por eso, plasma su impenetrabilidad en ese dramático y abierto “Así sea”, que da final a Los elementos terrestres. (Santos Silva, 2001:74)

mujer leyendo
Para una mejor interpretación sobre la obra de Eunice Odio y su vinculación con la poesía surrealista habría que leer el ensayo del Dr. Luis Quintana Tejera de la Universidad Autónoma de México sobre La poesía de Paul Éluard, a través de tres expresiones líricas relevantes  donde establece el poder del “fuego” como símbolo del poema “Pour vivre ici”, para luego trasplantarlo, al concepto de la “luz”  de Eunice Odio, claro que, este estudio merecería otro ensayo reflexivo y analítico entre estos dos autores. También habría que considerar los tres aspectos del fuego según el artículo de Quintana Tejera: a.) El fuego será su inseparable amigo, b.) Le permitirá aventurarse en la noche invernal y c.) Le proporcionará una vida mejor.

Conclusión

 La obra poética de Eunice Odio no se olvidará gracias a los muchos estudiosos que recientemente están otorgándole la importancia que se merece su obra y su persona dentro del panorama literario hispanoamericano. Eunice Odio además siempre mantuvo una vida de soledad consigo misma y con su obra. Veamos como Sonia Marta Mora Escalante, en su  ensayo, “Luminosa palabra”,  publicado en  La Jornada Semanal el 18 de abril de 1999 nos  resume, sintetiza y concluye la obra de Eunice y cómo Carlos Martínez Rivas en una cuarteta logra el dibujo espiritual de Eunice Odio:

El 23 de marzo de 1974, en la Ciudad de México, muere Eunice Odio. Insisten los estudiosos de la autora en la soledad que rodea la última etapa de su vida. Su presencia crece desde entonces, a medida que el reconocimiento a su aporte se generaliza entre lectores, críticos y escritores. Ya era tiempo de que le diéramos el lugar que le corresponde en nuestra cultura, porque Eunice Odio es un caso extremo de “pureza poética insólita y desgarrada”, en palabras de Carlos Cortés.

A veces a ti misma te esquivamos.
Tratamos de cubrirte con palabras
y adjetivos espléndidos, por temor
a ver entre tus pliegues algo de lo desconocido
.                                                               (Carlos Martínez Rivas, Eunice Odio)

Con los elementos señalados se ve hasta qué punto la escritura odiana rompe códigos previos e inaugura senderos. Sus profundos ecos resuenan continuamente en poetas posteriores, desde Virginia Grütter, Ana Antillón, Mayra Jiménez y Julieta Dobles, hasta Mía Gallegos, Ana Istarú y Shirley Campbell. El desasosiego y la soledad del yo femenino, la indagación sobre la infancia y la familia y la fértil línea erótica-amorosa, entre otras, establecen un hilo conductor entre las poetas que nos remiten al luminoso verbo de Eunice Odio: su luz y su fuerza han dejado una huella imborrable en nuestras letras y han marcado, de manera decisiva, su ingreso a la contemporaneidad.

Aún quedan muchos más estudios por realizar entre la obra de Eunice Odio (Costa Rica), Ernesto Cardenal (Nicaragua), Jaime Marcano Montañez (Puerto Rico), Sor Juana Inés de la Cruz (México) y la esplendorosa tradición mística religiosa de España donde están las figuras de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, los carmelitas descalzos rodeados de alegorías, cánticos, villancicos, jarchas olvidadas y zéjeles que ya nadie lee. Quedarán así, muchas cosas de nuestro pasado y de nuestro futuro perpetuadas en nuestra tradición de una lengua viva con una gramática que se transforma y logra su unificación y su locura idiomática.

 

Bibliografía

Chen Sham, J. & De Vallbona, R.  (2001) La palabra innumerable: Eunice Odio ante la crítica, Editorial de la Universidad de Costa Rica y el Instituto Literario y Cultural Hispánico, p. 321.

Esquivel Tovar, M.  (1983) Eunice Odio en Guatemala, San José de Costa Rica, Editorial del Ministerio de Cultura.

Gelpí, Juan G. (1993) Literatura y paternalismo en Puerto Rico San Juan, P.R.: Universidad de Puerto Rico, p. 201.

González, A. (2002) El Legado de Tata Mundo University of North Carolina, Charlotte, p. 1.

Luis Palés Matos, (1993)  Tuntún de pasa y grifería. López-Baralt, M. (Ed.). San Juan, P.R.: Editorial Instituto de Cultura Puertorriqueña, p. 45.

Maestro, Jesús G. (1998). “La expresión dialógica como modelo comparatista en el discurso lírico de J. L. Borges y F. Pessoa (Hacia una crítica de la razón dialógica)”. Diálogos Hispánicos 21, pp.  267-323.

Meza Márquez, C., La evolución de una tradición escritural femenina en la narrativa centroamericana: Textos paradigmáticos Universidad Autónoma de Aguascalientes, México, p. 1.

Pérez Martín, N., (1998). Eunice Odio, Escrito en América, Buenos Aires: Corregidor, pp. 61-73.

Umaña, H. (1999). Panorama Crítico del cuento hondureño (1881-1999). Letra Negra/Iberoamericana, Tegucigalpa, p. 30.

Quintana Tejera, L. La poesía de Paul Éluard, a través de tres expresiones líricas relevante Universidad Autónoma de México.


 

Segarra-300x224Sobre el autor

Iván Segarra-Báez tiene un doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Literatura puertorriqueña y del Caribe. Es poeta y narrador puertorriqueño. Funge como profesor conferenciante en la Universidad Metropolitana en Bayamón.

 

 

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