El feminismo de Sor Juana Inés de la Cruz en “Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz” y “Hombres necios que acusáis” Por Consuelo Mar-Justiniano

Introducción

      En este ensayo nos proponemos discutir la representación del sujeto femenino según lo construyó Sor Juana Inés de la Cruz bajo la estética del barroco. Para este propósito hemos escogido los siguientes textos: “Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz” y “Hombres necios que acusáis”. Con el propósito de que el lector comprenda mejor nuestro análisis, lo hemos subdividido en cinco partes: Eterna Sor Juana Inés de la Cruz (vida y obra de la autora); La estética del barroco (definición del movimiento artístico y características); El feminismo en “Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz” (presentación del texto y breve análisis); El feminismo en “Hombres necios que acusáis” (presentación del texto y breve análisis) y ¿Feminista antes del feminismo? (conceptualización del feminismo y conclusión).

Eterna sor Juana Inés de la Cruz

No se nace mujer: se llega a serlo.

 Simone de Beauvoir

      Según los biógrafos[1], sor Juana Inés de la Cruz nació en 1651 y murió en 1695. Aprendió a leer y escribir a los tres años, y a los ocho escribió su primera loa. En 1659 se trasladó a la capital mexicana y a los catorce años fue dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo, quienes la apadrinaron por poseer tanta inteligencia y tener una habilidad excepcional para las letras.

      La escritora mexicana es considerada como la más importante figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. Aunque fue influenciada por el barroco español, su producción literaria fue muy original.

       En 1667, De la Cruz decidió vivir en un convento. Sus biógrafos afirman que su celda se convirtió en punto de reunión de poetas e intelectuales. El espíritu inquieto que tenía, la pasión, su innata curiosidad y su afán de educarse, la llevaron a enfrentarse con los convencionalismos de su tiempo, cuando en esa época no era bien visto que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento.

monja

      En la Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz -es decir, al obispo de Puebla- (texto que nos ocupa en este ensayo), sor Juana Inés de la Cruz da cuenta de su vida y reivindica el derecho de las mujeres al aprendizaje, pues el conocimiento “no solo le es lícito, sino muy provechoso”, escribió en el texto que, además, es una extraordinaria muestra de su prosa y una defensa contunde al derecho intelectual de las mujeres.

      Se afirma que la poesía del Barroco alcanzó con ella su momento culminante, y al mismo tiempo introdujo elementos analíticos y reflexivos que anticipaban a los poetas de la Ilustración del siglo XVIII. Sus obras completas se publicaron en España en tres volúmenes: Inundación castálida de la única poetisa, musa décima, Sor Juana Inés de la Cruz (1689), Segundo volumen de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas del Fénix de México (1700).

      Su obra parece inscribirse dentro del culteranismo y del conceptismo, tendencias características del barroco. Sin embargo, el ingenio y originalidad de sor Juana Inés de la Cruz la han destacado por encima de cualquier escuela o corriente particular.

   En su poesía encontramos numerosas y elocuentes composiciones profanas: redondillas, endechas, liras y sonetos. La crítica destaca las de tema amoroso, como los sonetos que comienzan con “Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba” y “Detente, sombra de mi bien esquivo”. También abunda la temática mística, en la que una fervorosa espiritualidad se combina con la hondura de su pensamiento, tal como sucede en el caso de “A la asunción”, delicada pieza lírica en honor a la Virgen María.

     La Décima Musa, como se le conoció, empleó las redondillas para disquisiciones de carácter sicológico o didáctico, en las que analiza la naturaleza del amor y sus efectos sobre la belleza femenina, o bien defiende a las mujeres de las acusaciones de los hombres, como en las célebres “Hombres necios que acusáis” (texto que también nos ocupa en este ensayo).

      Otro poema destacado es “Primero sueño”, escrito en silvas de casi mil versos. En él describe, de forma simbólica, el impulso del conocimiento humano, que rebasa las barreras físicas y temporales para convertirse en un ejercicio de puro y libre goce intelectual. El poema también es importante porque lo escribió por propia iniciativa, sin encargo ni incitación ajena.

      La prolífica escritora se destacó, además, en el terreno de la dramaturgia (pero no  estudiaremos su obra dramática en este ensayo). No obstante, vale la pena mencionar que escribió la comedia de capa y espada Los empeños de una casa, que incluye una loa y dos sainetes, entre otras intercalaciones, con predominio absoluto del octosílabo. Además, Amor es más laberinto y tres autos sacramentales: San Hermenegildo, El cetro de San José y El divino Narciso; en este último, incluye villancicos.

      Su teatro se destacó por el desarrollo minucioso de una intriga compleja, de un enredo inteligente, basado en equívocos y malentendidos. No obstante, los problemas siempre son solucionados. También tocó, en sus obras, los problemas privados de las familias.

      Las obras de sor Juana se destacan por el tratamiento de la mujer como personaje fuerte, capaz de manejar las voluntades de los personajes que la rodean y de conducir su propio destino. También presenta el tema del amor verdadero y la integridad.

      La figura de sor Juana Inés de la Cruz ha inspirado varias obras cinematográficas dentro y fuera de México. Se destaca la película argentina “Yo, la peor de todas” (1990) dirigida por María Luisa Bemberg  y cuyo guion está basado en el libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, de Octavio Paz. Otros filmes sobre su persona son: el documental, Sor Juana Inés de la Cruz entre el cielo y la razón (1996) y Las pasiones de sor Juana (2004).

      Sin duda alguna, sor Juana Inés de la Cruz es una de las figuras más brillantes del barroco y de la literatura hispana del siglo de Oro.

La estética barroca

      El Barroco es el movimiento cultural que responde a la decadencia social, económica y militar y al sentimiento de pesimismo y desengaño que se apoderaron de España en el siglo XVII. En principio, conservó las formas propias del Renacimiento, pero las fue modificando para hacerlas más flexibles e imprimirles una movilidad y un sentimiento desbordante, hasta alejarlas del equilibrio y del clasicismo renacentistas (H. Báez).

      El estilo barroco es un producto del arte científico e intelectual propugnado por el Manierismo y una consecuencia del agotamiento de los modelos clásicos de prosa y verso establecidos por el Renacimiento.

Justo Fernández López[2] señaló las siguientes características del barroco:

  • Lo nuevo y extraordinario para excitar la sensibilidad y la inteligencia y provocar la admiración.
  • Gusto por la dificultad, vinculada con la idea de que si nada es estable, todo debe ser descifrado.
  • Subjetivismo individual y el capricho personal en lugar de las normas clásicas.
  • Tendencia a la exageración, a superar todo límite, la noción de que en lo inacabado reside el supremo ideal de una obra artística.
  • Concepción dinámica de la vida y el arte, retorcimiento de estilo.
  • Violento contraste en los elementos: todo está subordinado a un motivo central.
  • Tendencia al artificio y al ingenio, a la artificiosidad complicada, arte de minorías, superabundancia de adornos.
  • Visión unilateral de la realidad: desequilibrio, deformación expresionista e idealización desorbitada.
  • El estilo del Renacimiento es sometido a la exageración barroca.

Fernández López también destacó que en la literatura barroca española hubo dos escuelas o tendencias, tanto en prosa como en verso: el culteranismo y el conceptismo.

     El culteranismo: aspiraba a crear un mundo de belleza absoluta mediante un lenguaje preciosista y complicado. Utilizaba un lenguaje culto lleno de metáforas complicadas,  hipérbatos (alteración del orden normal de las oraciones) y alusiones mitológicas. Su máximo representante fue Luis de Góngora.

      El conceptismo: pretendió deslumbrar al lector mediante juegos de ingenio y juegos de palabras (equívocos, dobles sentidos, metáforas ingeniosas, etc.). Su principal representante fue Francisco de Quevedo. No obstante, ambas tendencias tienen mucho en común, y responden a ese objetivo de buscar lo original y complicado frente a la sencillez del Renacimiento.

      Como podemos analizar, aunque generalmente suele afirmarse que se trata de dos estilos opuestos, lo cierto es que los dos buscan la complicación formal: en el fondo, el culteranismo no es más que un aspecto o una manifestación peculiar del conceptismo.

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El feminismo en Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz

Tú no me ves desde donde te miro.

                                                                                                                        -Jacques Lacan

       Sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer de carácter definido y espíritu aventurero. Su genio poético llamó la atención literaria de su época y algunos críticos modernos la catalogan como pionera del feminismo en el Nuevo Mundo.

      Lucía Dufort expresó que uno de los aspectos más importantes de la personalidad de sor Juana es que fue una defensora de los derechos de la mujer en una época en que la mujer ni siquiera era admitida en los colegios. “Se puede decir que ella fue un ejemplo de que la mujer podía y debía aspirar a ser más que una simple ama de casa, cuyo lugar no se extendiera más allá de las paredes de su hogar”[3].

    Por otro lado, March L. Nash, escribió que la fama de esta escritora se debe a su grandioso interés por el feminismo internacional y sus preocupaciones por el derecho de la mujer a la intelectualidad.

    Esa lucha por defender el derecho de la mujer a pensar, y afirmar rotunda y valientemente su condición de mujer intelectual, se percibe en los textos que vamos a analizar: Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz y “Hombres necios que acusáis”.

    Según Alberto G. Salceda (citado por Benítez)[4] la Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz es la “Carta Magna de la libertad intelectual de las mujeres de América”, ya que afirma que la mujer tiene derecho a seguir una vocación intelectual.

     Aclaremos primero de qué se trata el texto. Es un documento escrito con la estética del barroco, y un testimonio de la defensa del pensamiento independiente de sor Juana. Tiene su antecedente en la publicación que sor Filotea de la Cruz, seudónimo de Manuel Fernández de la Cruz, obispo de Puebla, hace de la llamada “Carta atenagórica”, en que sor Juana rebatía al jesuita portugués Antonio Vieyra sobre ciertos temas de la fe católica y, aun admitiendo la elevada capacidad intelectual de la monja, la acompaña con la recomendación a sor Juana de dedicarse a cosas más propias de su sexo y condición.

     En Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz, De la Cruz responde con una auténtica proclama de libertad intelectual, libertad de expresión e independencia de la mujer. Lo que resulta ser una representación del sujeto femenino insubordinado ante la autoridad (en este caso eclesiástica), en el siglo XVII.

     La carta es un testimonio de su amor y dedicación a las letras como algo natural que Dios le brindó. Una y otra vez sor Juana señala que su religiosidad fue un intento de sacrificar su inclinación a las letras a quien se la dio, Dios (Sayers, 27, citado por Dufort)[5].

    Sor Juana Inés de la Cruz fue víctima de los antagonismos del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, contra el arzobispo de México, Francisco de Aguilar y Seijas. Sus dos clérigos superiores no eran los únicos que la querían silenciar, sino también los grandes teólogos masculinos del pasado.

     En su Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz, ella misma cuenta como a los tres años usó su ingenio engañoso y aprendió a leer, como siendo muy niña se privaba de comer queso, pues había escuchado que hacía ruda la inteligencia, como se cortaba el cabello si no lograba aprender algo, y como entre seis y siete años pretendió ir a la universidad disfrazada de hombre, “por amor a las letras y al conocimiento”, según afirma sor Juana en su carta.

   El texto evidencia que se trata de una mujer adelantada a su época con ideas innovadoras y revolucionarias que rompían con los estereotipos sociales de su tiempo. Repudió el matrimonio, por ejemplo, y afirmó su deseo de vivir sola, sin obligaciones que la distrajeran de su deseo de estudiar:

Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencias de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros. Esto me hizo vacilar algo en la determinación, hasta que alumbrándome personas doctas de que era tentación, la vencí con el favor divino, y tomé el estado que tan indignamente tengo[6].

    Según Marc L. Nash, en el texto en cuestión, sor Juana emplea un pensamiento escolástico que muestra la firmeza lógica de su autora como intelectual, aportando como nota original la de su propia personalidad vital y compleja: espiritual, cultural, histórica, contexto femenino-teológico, retórica clásica y filosófica. Añadió, además, que al intentar juntar el feminismo de sor Juana, concepto quizás inexistente en su época, el siglo XVII, con el feminismo de hoy día es problemático para él, ya que ella estaba desafiando su derecho de intelectualidad en un periodo en el que no se le permitía a la mujer estudiar y mucho menos meterse con asuntos teológicos.

      Facundo Ruiz, quien analiza la Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz bajo la estética del barroco, dice que no es que sor Juana y el barroco se busquen, sino que se encuentran, componiendo un sistema expresivo, singular y concreto: en esa obra, en aquel concepto, en ese periodo. Compara su obra con un trompo (que ella misma describe) de movimiento impreso independiente de la causa que lo motiva (83). Veamos:

La obra de sor Juana es de sor Juana: esa figura enclaustrada de escritor, y ese movimiento (esa inclinación) cuyas líneas espirales fueron perdiendo impresión a medida que se iba remitiendo el impulso (vital, pero no solo). Y sin embargo, la obra de sor Juana (esa figura, aquella escritora), ese trompo literario y barroco americano, es independiente de sor Juana (esa mujer, aquella monja): como ella frente al trompo que no impulsó ni buscó, o como el Quijote leyendo el Quijote, su obra gira impulsada por su mano al encuentro de un tercero, que ni la busca ni la ha impulsado, pero que al hallarla ve surgir un interés, un deseo, la posibilidad de un conocimiento distinto. Pero ese deseo que surge, ese conocimiento que se halla en el encuentro, ya no pertenece ni a la obra que gira ni a la mano que la ha hecho girar y ni siquiera a quien la ve girar[7].

     Definitivamente el estilo barroco se impone en la pluma de esta escritora. Y su prosa muestra características culteranas y conceptistas (que ya describimos). David Solodkow señaló que existe en sor Juana una conciencia lingüística que por ser tal permite la irrupción de una subjetividad acomodaticia. Esta característica barroca hace posible la recolocación permanente de la subjetividad novohispana y la negociación ontológica en el entramado de la autoridad discursiva y jerárquico-institucional de la época.  Además señala que el lenguaje devora a la monja en la acumulación de los símiles y múltiples rostros, en la multiposicionalidad nominal que asume para decir, en la fragmentación.

      Observando detenidamente la prosa de sor Juana podemos señalar, también, el uso de la hiperbolización constante en su lenguaje, la utilización de retruécanos lingüísticos y de juegos de ingenio.

    Esa subjetividad multiforme y heterogénea -en perpetua mediación- a la cual llamamos sor Juana se desarrolla dentro de un ámbito cultural complejo y de un tiempo histórico bien circunstanciado (Solodkow).

       En fin, podemos afirmar que en Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz, sor Juana Inés de la Cruz a través de su “yo”, representa a un sujeto femenino con unas ideas liberales adelantadas a su tiempo. Su coraje y su firme postura ante sus adversarios la coronan como defensora de los derechos de la mujer.

manuscritos antiguos

El feminismo de la Décima Musa en “Hombres necios que acusáis”

Así que, ¿no hay nada más que ver?

                                                                                                            Luce Irigaray

     Redondilla es el nombre que recibe una combinación de arte menor formada por cuatro versos octosílabos. Lo habitual es que apele a una rima consonante y de tipo abrazada con formato ABBA. La redondilla surgió en las letras españolas del siglo XVII, siglo de Oro.

      “Redondillas”, por otra parte, es el nombre de uno de los poemas más famosos de sor Juana Inés de la Cruz, que comienza con el verso “Hombres necios que acusáis…”. El poema también se conoce como  “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón”.

   Este poema presenta el fenómeno de encadenamiento vocálico entre palabras al interior de los versos y causan una pausa versal en el medio de la estrofa. Con relación a las figuras dentro del plano fonológico, cabe mencionar una aliteración recurrente con el fonema alveolar fricativo, sordo representado por la [s]. También se debe hacer referencia a la figura del apóstrofe como parte fundamental para la construcción del sentido de las estrofas.

    El poema trata de una sátira hacia los hombres que culpan a la mujer seducida por acceder a sus pasiones sin darse cuenta de la culpa que tienen. Comentemos ahora la redondilla “Hombres necios que acusáis”:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

    En esta estrofa llama necios a los hombres que acusan a las mujeres, sin darse cuenta que son ellos los responsables de lo que culpan.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

    Aquí critica a los hombres que quieren que las mujeres los desprecien y luego se quejanpor ser rechazados.

Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

     Los hombres seducen a las mujeres hasta que ellas se rinden ante su cortejo y luego las acusan de ser fáciles, porque se dejaron conquistar.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

     Compara a los hombres con los niños que hacen la travesura y luego no se atreven a enfrentarla o le temen.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

    Critica a los hombres que pretenden que las mujeres sean como “Tais”, una cortesana ateniense que acompañó a Alejandro Magno hacia la segunda mitad del siglo IV a. C. Sin embargo, quieren poseer a una “Lucrecia”  un personaje perteneciente a la historia de la antigua Roma, que contrajo matrimonio con Colatino, pero al ser víctima de una violación por parte de Sexto Tarquinio, hijo de Lucio Tarquinio, se suicida. Es decir, los hombres que describe  no saben lo que quieren.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

     En esta estrofa señala a los hombres que empañan a las mujeres con sus infamias y luegono las quieren ver manchadas.

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

    Aquí menciona su inconformidad. Si las mujeres los quieren y los tratan bien, son objetos de burla, y si los ignoran se quejan de ser mal tratados.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

  Si la mujer es recatada y rechaza al hombre, ellos la llaman ingrata. Si atiende su cortejo, entonces, la tildan de liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

      Ante esta discrepancia e inconformidad, nunca están contentos. Si son rechazados es porque la mujer es cruel y si son aceptados, entonces es una dama fácil.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

    Si la mujer se resiste, el hombre se siente ofendido y si lo rechaza, se enfada. No se complace ni con una actitud ni con la otra.

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,                                                                                                       bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.

   Por eso, entre el enfado y la pena, siempre tienen algo que señalarle a la mujer. Su ambigüedad no tiene límites.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

    Si consiguen que alguna mujer sea su amante, las señalan como malas mujeres. Al fin y al cabo, son tan responsable ellos como ellas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

   En esta estrofa cuestiona quién es más culpable en una relación prohibida, el que ruega (el hombre) o la que cede (la mujer).

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

    Aquí también cuestiona (pregunta retórica) quién tiene la responsabilidad del mal proceder, la mujer que se acuesta por dinero o el hombre que paga para que se acuesten con él.

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

   En esta estrofa exhorta a los hombres a querer a la mujer como la busca, como la forma y a no espantarse de las consecuencias de sus propios actos.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

    Aquí les dice a los hombres que no provoquen a las mujeres, ni las seduzcan para luego rechazarlas.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo[8].

      Culmina recalcando la arrogancia de los hombres que quieren al “diablo”, a la “carne” y al “mundo”, es decir: todo. Pero si lo consiguen no saben qué hacer.

      El escritor Octavio Paz, autor de una de las más importantes obras sobre sor Juana, escribió al respeto de este poema y de la vanguardista visión de la autora:

El poema fue una ruptura histórica y un comienzo, por primera vez en la historia de nuestra literatura una mujer habla en nombre propio, defiende a su sexo y, gracias a su inteligencia, usando las mismas armas que sus detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos achacan a las mujeres. En esto Sor Juana se adelanta a su tiempo: no hay nada parecido, en el siglo XVII, en la literatura femenina de Francia, Italia e Inglaterra[9].

      Por otro lado, podemos señalar que la moral es un valor en el poema y regula lo que es bueno y lo que es malo, sobre todo en un espacio socio-religioso como el de Nueva España: católico y gobernado por reyes y virreyes católicos. Sor Juana Inés de la Cruz no podía prescindir de este valor porque iba unido a su vida, a su trabajo, a su vocación. La poeta no solo se expresa con su voz, sino con la voz de la feminidad del siglo XVII.

     Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz presenta un tópico especial con el poema. En ambos textos se evidencia la réplica a los pensamientos y opiniones masculinos de la época. El poema es una sátira a la hipocresía masculina y una afirmación de la moral rota por ambos sexos por causa de la pasión (Monsalve).

      Marc L. Nash, explicó, por su parte, que no se puede negar que un tema constante en la obra de la Décima Musa es la tendencia feminista, patente en sus célebres Redondillas en defensa de la mujer. De manera astuta y oculta se vale de los recursos del barroco: hipérbaton, metáforas, lenguaje figurado, cultismos, perífrasis, latinismos, etc. para criticar intelectualmente, incluyendo héroes y dioses de la literatura mítica greco-latina. Con el renacimiento, dioses, ninfas, héroes, y toda clase de personajes del mundo grecolatino invaden la lírica y estas expresiones continuaron vivas durante el barroco.

    En sor Juana, dos son los personajes del mundo griego y romano que, aunque son humanas, representan la cosmovisión de estos pueblos: Thais y Lucrecia. La primera representa el pecado, la tentación de la carne y el libertinaje que se vive durante las fiestas y banquetes. La segunda, representa la castidad, la bondad, la hermosura y el recato.

    La estética barroca, en ese periodo de la literatura sintetizó su producción en dos corrientes: el culteranismo y el conceptismo. Sor Juana Inés de la Cruz permite analizar en su obra las características de las dos corrientes. Su léxico se renueva, el vocabulario se enriquece por la introducción de términos no usados hasta entonces, principalmente tomados del latín.

      La variedad de formas usadas por sor Juna Inés de la Cruz descubren la diversidad de sus aptitudes poéticas, la multiplicidad de su personalidad, de su inteligencia, de su espiritualidad vivaz e ingeniosa que se complace en el análisis de conceptos y observaciones sicológicas; así como en los ejercicios de la argumentación (Monsalve).

     La lírica de sor Juana, testigo del final del barroco hispano, tiene al alcance todos los recursos que los grandes poetas del Siglo de Oro emplearon en sus composiciones. A fin de darle un aire de renovación a su poesía, introduce algunas innovaciones técnicas y le imprime su muy particular sello. La crítica señala que la poesía sorjuanesca tiene tres grandes pilares: la versificación, alusiones mitológicas y el hipérbaton.

     En fin, estas redondillas son una vehemente defensa de la dignidad de la mujer y una dura crítica a la arrogancia del hombre.

convento

¿Feminista antes del feminismo?

     Jane Freedman señaló en su libro Feminismo. ¿Unidad o conflicto?, que ya existía lo que hoy llamamos un pensamiento y una actividad feminista mucho antes de que el término en sí se utilizara. Aunque se discute el lugar y el momento de su aparición, parece que fue utilizado por primera vez en 1880, por la francesa Hubertine Auclert, defensora de los derechos políticos de las mujeres y fundadora de la primera sociedad sufragista en Francia y del periódico La Citoyenne.

      El escritor Octavio Paz, considera que sor Juana Inés rompe con todos los cánones de la literatura femenina. Y que desafía el conocimiento, se sumerge por completo en cuestiones epistemológicas que eran ajenas a la mujer de esa época.

     Lourdes Rollano Gutiérrez declara que esta escritora fue una mujer adelantada a su tiempo y llena de deseos por llegar lejos, intelectualmente, en el siglo XVII. Afirma que su forma de entender el estudio, la ciencia, su ansia de saber, de conocimiento y el ejercicio de libertad intelectual que hacía desde su celda, son muestra de ello (288 y 292).

     De acuerdo a lo expuesto podemos concluir que sor Juana Inés de la Cruz fue feminista antes de que se conociera lo que era el feminismo, siglos después. Simone de Beauvouir escribió el libro El segundo sexo en el que popularizó la premisa: “No se nace mujer: se llega a serlo”. Creemos que, ciertamente, sor Juana aprendió a ser mujer y no temió reconocerlo ante sus adversarios.

      Beauvouir habla en su libro de la “alteridad” como una transmisión de que el género es una construcción cultural sobre el sexo. Y, por tanto, no existe una esencia femenina, algo que caracterice a la mujer como tal. En la época de sor Juana y ante el clérigo, más aún, la mujer era un ser casi invisible y culturalmente, análogo. Solo a través de la Iglesia y la Corte, la mujer podía codearse con los hombres y participar en sus conversaciones.   Así lo hizo la Décima Musa, y no solo fue partícipe de las discusiones, sino también fue reconocida por su inteligencia en múltiples campos del saber.

    Beauvouir también discute en su libro los aspectos sobre la “trascendencia vs inmanencia”. Para la filósofa francesa las mujeres estaban oprimidas en la sociedad patriarcal que las condenaba a vivir en la inmanencia y, por lo tanto, no podían realizar su transcendencia, porque la cultura y la sociedad se lo impedían. Sor Juana Inés, adelantada a su época, bien pudo trascender. Es cierto que la presionaron bastante para que “callara su pluma”, pero ya había escrito lo suficiente para trascender en su tiempo y en la historia. Y bien lo afirmó March L. Nash cuando destacó que no había duda alguna, que la existencia de sor Juana estaba basada en el amor a la sabiduría y su convicción de que las mujeres deberían de estudiar sin tener que sentirse por ello atrapadas en un convento, como fue su caso.

      En el artículo “Mi amada Juana Inés”, Carlos Vidales idealiza como la Décima Musa le revela que no renunció hasta tanto haber escrito todo lo que tenía que decir:

Me quedé callada cuando ya había dicho todo lo que tenía que decir. Prometí no publicar nada más cuando ya había publicado mi obra completa. Entregué mi biblioteca a los Inquisidores cuando ya había comprendido el contenido de todos esos libros, y cuando ya lo había convertido en poemas. Engañé a todos mis jueces. Creyeron callarme para siempre, pero mi voz sigue viva en las gentes que buscan el amor y la vida, la verdad y los secretos maravillosos de la naturaleza. Engañé a los inquisidores. No te dejes tú engañar por ellos. No olvides que yo escribí mi abjuración para ellos, pero toda mi obra la escribí para ti y las gentes honradas de la tierra[10].

      Otro concepto importante que Beauvouir presenta en su libro es la “creatividad”. La feminista afirmaba que el arte, la literatura, la filosofía, eran tentativas para fundar de nuevo el mundo sobre una libertad humana: la del creador; ya que en primer lugar, era preciso plantearse uno mismo, sin equívocos. Creativa por demás fue nuestra sor Juana, no solo se valió de la literatura y escribió poesía, teatro y prosa. También conoció de lógica, retórica, física, aritmética, etc. Ella misma lo expresó en su texto:

¿Cómo sin Lógica sabría yo los métodos generales y particulares con que está escrita la Sagrada Escritura? ¿Cómo sin Retórica entendería sus figuras, tropos y locuciones? ¿Cómo sin Física, tantas cuestiones naturales de las naturalezas de los animales de los sacrificios, donde se simbolizan tantas cosas ya declaradas, y otras muchas que hay? ¿Cómo si el sanar Saúl al sonido del arpa de David fue virtud y fuerza natural de la música, o sobrenatural que Dios quiso poner en David? ¿Cómo sin Aritmética se podrán entender tantos cómputos de años, de días, de meses, de horas, de hebdómadas tan misteriosas como las de Daniel, y otras para cuya inteligencia es necesario saber las naturalezas, concordancias y propiedades de los números?…[11]

      Sor Juana Inés de la Cruz fue feminista antes del feminismo, porque la representación del sujeto femenino, según lo construye a través de las obras estudiadas, lo demuestra. Claro está que no lo hace como en tiempos modernos, sino desde su época, su contexto histórico y la estética del barroco que era lo que estaba en boga en el momento en que vivió.

     Ya hemos discutido la presencia de las características barrocas en su obra: sor Juana era muy dada a hacer retruécanos, a verbalizar sustantivos y a sustantivar verbos, a acumular tres adjetivos sobre un mismo sustantivo y repartirlos por toda la oración, así como de otras libertades gramaticales que estaban de moda en su tiempo.

    Sin embargo, frente a la prosa barroca, impersonal y fría, sobrecargada de erudición de su tiempo, sor Juana Inés de la Cruz aporta una prosa mucho más intimista, individual y coloquial (Royano Gutiérrez, 290).

   Para finalizar, creemos que sor Juana Inés de la Cruz no solo fue feminista antes del feminismo, sino una intelectual que aunque intentaron callar, aún nos habla a través de sus textos, que han superado la barrera del tiempo, tanto por su belleza lírica, como por representar tan dignamente las letras hispanas del barroco.

 

Fuentes consultadas

Benítez, Fernando. “Sor Juana Inés de la Cruz la primera feminista del Nuevo Mundo”. Biografías. 18 marzo 2012. Web. 17 sept. 2014.

Biografías y vidas. “Vida y obra de sor Juana Inés de la Cruz”, n.p, s.f. Web. 10 sep.2014.

De Beauvouir, Simone. El segundo sexo. 1949. Impreso.

De la Cruz, Sor Juana Inés. “Hombres necios que acusáis”, Biblioteca virtual ciudad Seva. Luis López Nieves, n.p. Web. 12 sept. 2014.

De la Cruz, Sor Juana Inés. “Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz”. Biblioteca virtual universal, 2006. Web. 12 sept. 2014.

Dufort, Lucía. “Sor Juana Inés de la Cruz: ¿trampas de la fe o plan deliberado?” Universidad de     Estocolmo: Departamento de español, portugués y estudios latinoamericanos. 2007. Web. 26 sept. 2014.

Fernández López, Justo. “Dos estilos: Conceptismo y culteranismo”. Hispanoteca, n.p, s.f.

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Monsalve, Jhon. “Análisis de Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón”. Lengua y literatura. 25 ago. 2011. Web. 29 sept. 2014.

Nash, Marc L. “El feminismo de Sor Juana Inés de la Cruz”. SFA Bilingual Bicultural. 2012. Web. 19 sept. 2014.

Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: FCE, 1982. Impreso.

Royano Gutiérrez, Lourdes. “Marcelino Menéndez Pelayo frente a sor Juana Inés de la Cruz”. Actas XLII (Asociación europea de profesores de español-AEPE), Universidad de Cantabria, España, n.p. Centro virtual Cervantes. Web.  30 sept 2014.

Ruiz, Facundo. “Barroco: Esta obra, aquel concepto, ese periodo”. Anclajes, XVII.1, julio 2013. Web. 15 sept. 2014.

Sayers Peden, Margaret. A Woman of Genius – The Intelectual Autobiography of Sor Juana Inés de la Cruz: Lime Rock Press Incorporated: Connecticut, 1982. Impreso.

Solodkow, David. “Mediaciones del yo y monstruosidad: Sor Juana o el ‘Fénix’ barroco”.Revista chilena de literatura. abril 2009, Número 74. Web. 19 sept. 2014.

Vidales, Carlos. “Mi amada Juana Inés”, (versión castellana de “Min älskade nunna), La Rana Dorada. 15 abril 2000. Web. 15 sept. 2014.

Notas a pie de página

[1] Biografías y vidas. “Vida y obra de sor Juana Inés de la Cruz”, n.p., n.d.

[2] Justo Fernández López, “Dos estilos: Conceptismo y culteranismo”, Hispanoteca. n. p.

[3] Fernando Benítez, “Sor Juana Inés de la Cruz: La primera feminista del Nuevo Mundo”, s. f.

[4] Ibíd.

[5] Lucía Dufort, “Sor Juana Inés de la Cruz: ¿Trampas de la fe o plan deliberado?”, Universidad de Estocolmo, 2007, 5.

[6] Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz (fragmento), Biblioteca virtual universal, s. f.

[7] Facundo Ruiz, “Barroco: Esta obra, aquel concepto, ese periodo”, Anclajes XVII, 2013, 84.

[8] Sor Juana Inés de la Cruz, “Hombres necios que acusáis”, Biblioteca virtual Ciudad Seva.

[9] Octavio Paz,  Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, 1982,  399-400.

[10]Carlos Vidales, “Mi amada Juana Inés”, versión castellana de “Min älskade nunna”, revista digital La Rana Dorada, 2000.

[11]Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz (fragmento), Biblioteca virtual universal.


Consuelo MártínezSobre la autora

Consuelo Mar-Justiniano se desempeña como profesora universitaria, bloguera, redactora y editora. Tiene un doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Literatura de Puerto Rico y el Caribe del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Posee una maestría en Comunicación con especialidad en Redacción para los Medios de la Universidad del Sagrado Corazón, y un bachillerato en Educación con especialidad en Español de la Universidad Interamericana. Es autora del libro Soltera con Compromiso “Guía para criar sin volverse loca” y del poemario Inconcluso.S.

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